El pasado 8 de noviembre, el barrio de la Macarena se llenó de oración y música con el Rosario Vespertino de Nuestra Señora de la Salud y Esperanza. Desde los primeros compases, nuestro grupo de metales convirtió cada nota en plegaria, envolviendo las calles en un halo de solemnidad y ternura.
Al paso de la Virgen, el sonido firme y dulce de los metales se mezcló con el murmullo del rezo y el aroma a incienso, creando momentos de profunda emoción, especialmente en el Hospital Virgen Macarena, donde su música fue bálsamo para enfermos y familiares. Fue una actuación breve, pero intensa; un diálogo entre fe y música que dejó huella en quienes lo vivieron. Aquella tarde, los metales de Despojado no solo acompañaron a la Esperanza… la hicieron sonar.

