Aún resuenan en nuestra cabeza los ecos de una noche que difícilmente olvidaremos. Participar en Pasión Cofrade de Alicante ha sido para nosotros mucho más que una actuación: ha sido una experiencia que refuerza el sentido de todo lo que hacemos como banda.
Desde que llegamos a Alicante se respiraba un ambiente especial. Sabíamos que no íbamos solo a tocar, íbamos a representar a nuestra tierra. Y con esa responsabilidad salimos a escena, con nervios, ilusión y el corazón puesto en cada nota, haciendo de igual forma homenaje a cada una de las víctimas del fatídico accidente ferroviario ocurrido el pasado 18 de enero en Adamuz.
Cuando sonaron los primeros compases, todo encajó. El trabajo de tantos ensayos, los sacrificios, los kilómetros y las horas compartidas se transformaron en música. Sentimos cómo el silencio del público nos envolvía, cómo cada marcha encontraba su sitio y cómo nuestra forma de entender la música cofrade llegaba directa al alma de quienes nos escuchaban.
El repertorio fue un reflejo de lo que somos: fuerza, solemnidad y sentimiento. Tocamos como sabemos, como sentimos, mirando siempre al frente, pero con la certeza de que detrás de cada sonido iba nuestro Despojado. En cada corneta y en cada redoble iba nuestro orgullo de banda y el respeto a esta bendita música.
La respuesta del público fue el mejor premio. Los aplausos finales nos hicieron sentir que todo había merecido la pena, que Alicante había entendido nuestro mensaje y que, por unos minutos, habíamos conseguido unir dos ciudades a través de la música cofrade.
Volvemos a casa con la satisfacción del deber cumplido y con una vivencia más que se suma a nuestra historia. Pasión Cofrade de Alicante ya forma parte de nuestro camino.
Porque mientras haya fe, compañerismo y música, El Despojado seguirá sonando.

