Escudo A.M. Jesús Despojado de Jaén
PASADO, PRESENTE Y FUTURO: El latido constante de una misma pasión
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PASADO, PRESENTE Y FUTURO: El latido constante de una misma pasión

Un año de camino guardado en la memoria; noches de ensayo donde la música florece en la sombra, esperando esa nueva primavera en la que, al fin, nuestras melodías cobren sentido.

F.J. HURTÁN

F.J. HURTÁN

Redactor de A.M. Jesús Despojado

14 de agosto de 2026
10 min de lectura

Un nuevo año amanece siempre con el eco lejano de una campana y el aroma a cera rancia que se resiste a abandonar los rincones de la memoria. Para nuestra Agrupación Musical Nuestro Padre Jesús Despojado, el tiempo no se mide en meses ni en hojas desprendidas del calendario, sino en el latido constante de un compás que aguarda, paciente, su primavera. El nuestro es un itinerario silencioso de fe, sudor, madera y metal que camina, paso a paso, hacia el milagro efímero de la luz.


LA FRAGUA DEL INVIERNO: Forjando nuestra identidad.

Cuando el otoño tiñe las calles de melancolía, nuestra actividad se refugia en la penumbra del local de ensayo. Tras el letargo del verano, el reencuentro no es un simple regreso a la disciplina, sino el abrazo cálido de esta familia elegida. Es allí, bajo el frío cortante de las noches de invierno, donde los labios vuelven a endurecerse y las manos recuperan la agilidad perdida. En esa fragua oculta, entre el humo del esfuerzo y el frío del metal, esculpimos las marchas que más tarde conmoverán a las multitudes.

Nuestra dirección musical trabaja con el mimo de un artesano: puliendo matices, ajustando la afinación herida de las cornetas y midiendo la sobria marea de los bajos, buscando siempre el equilibrio perfecto donde la innovación abraza al clasicismo. Fruto de ese desvelo constante ha sido la valiosa renovación de un patrimonio musical que este año se enriquece con nuevas devociones hechas pentagrama; marchas que ya se graban a fuego en el alma de nuestra banda:

  1. Toda una vida: Un canto de entrega incondicional dedicado a la Borriquita de Cantillana.
  2. Kyrios: La majestuosidad celestial hecha oración, tejida en notas para Nuestro Padre Jesús de la Piedad.
  3. Rosarium: Una vibrante ofrenda nacida para la gloria y el recuerdo eterno de la Magna de Jaén.


CUARESMA: La cuenta atrás y nuestro gran estreno.

Con la llegada del Miércoles de Ceniza, nuestro ritmo cardíaco se desboca. La Cuaresma es una cuenta atrás que huele a azahar incipiente y a mudá. Los templos se abren para acoger nuestros primeros acordes en conciertos donde la música se despoja de lo terrenal para convertirse en oración. Cuando las notas resuenan en las naves sagradas, el vello se eriza; ya no es solo sonido, es la antesala de lo sagrado.

Revisamos nuestros uniformes con una devoción casi mística, asegurando el brillo de cada botón, mientras en los ojos de los más jóvenes se adivina el temblor del debut y en los de los veteranos, la calma del que conoce cada revirá de la memoria.

Delante de todos nosotros, abriendo el cortejo con el orgullo de nuestra historia esculpida en hilo de oro, terciopelo y orfebrería, brillará con luz propia el gran estreno de este año: el nuevo banderín de la agrupación. Una obra de arte que es, a la vez, escudo y norte; un estandarte sagrado que desde ahora guiará con honor los pasos de esta marea de metal y pasión por toda la geografía cofrade.


ESTACIONES DE NUESTRA FE: El itinerario de la Pasión.

Y al fin, llega el momento en que nuestra música deja de ser un ensayo silencioso para convertirse en una catequesis itinerante, una marea viva que recorre la geografía del sentimiento y derrama el alma en cada chicotá. Este ha sido nuestro camino de fe, nuestra verdad y nuestra entrega a lo largo de una Semana Santa inolvidable:

Sábado de Pasión (Cantillana): Todo estalla cuando el aroma a azahar apenas despierta. Nuestros sones se hacen inocencia y palmas para recibir a la Borriquita. Es el reencuentro con la luz, el compás primero de una semana en la que nos entregamos por entero, sabiendo que en cada nota va Toda una Vida de fidelidad a una devoción que trasciende fronteras.


Domingo de Ramos (Jaén): La primavera se hace plena en nuestra tierra bajo la mirada de la Santa Cena. Es el día en que la madera se hace misterio y el metal, oración compartida con los nuestros. Mecemos las calles de nuestra ciudad con el orgullo de sabernos profetas en nuestro propio hogar.


Lunes Santo (Nuestra Hermandad de la Amargura): El día en que el corazón se nos desboca de manera única. No existe distancia entre el músico y el hermano, entre la túnica y el uniforme. Somos un solo cuerpo que avanza en una marea de devoción inquebrantable, poniendo el alma en cada chicotá para cobijar el caminar de nuestros Sagrados Titulares.


Martes Santo (Écija): Viajamos a la ciudad de las torres, donde el compás se vuelve recogimiento y andadura firme tras el Nazareno de la Misericordia. En la penumbra de la tarde astigitana, nuestras cornetas y tambores se tiñen de una sobria madurez, esculpiendo en el aire una oración de perdón y redención.


Miércoles Santo (Almería): El eco de nuestros sones viaja hasta el mar al encuentro con el Prendimiento. Se convierte en un torbellino de emociones, una marea viva donde la fuerza de nuestra música empuja el andar racheado de un misterio que es pura potencia y coraje sobre el asfalto almeriense.


Jueves Santo: El adiós a nuestra casa (Cabra)

Llegamos al ecuador de la Pasión con el alma sobrecogida. El Jueves Santo tras el Señor de la Columna de Cabra quedará marcado con letras de oro y lágrimas de emoción en nuestra memoria para siempre. Este año, nuestros sones no solo han sido música, sino una inmensa y sentida carta de amor en forma de despedida. Nos hemos despedido de la que, sin duda alguna, ha sido y será siempre nuestra casa.

Entre el rachear de los costaleros y el aroma a incienso egabrense, soplamos con el corazón roto por la nostalgia pero henchido de gratitud infinita por tantos años de entrega mutua, de acogida y de una unión inquebrantable que el tiempo jamás podrá borrar


Domingo de Resurrección (Granada): Tras el respetuoso silencio del Sábado Santo, la vida estalla en la ciudad de la Alhambra. El Señor Resucitado inunda las calles de una alegría desbordante. Nuestra música se despoja de toda la gravedad del drama para convertirse en un canto jubiloso de victoria, el broche de oro celestial a una semana de entrega absoluta.


LA MIRADA PUESTA HACIA EL FUTURO.

Con el último eco disuelto en la penumbra del templo y el metal descansando al fin en el terciopelo de sus fundas, no habita la melancolía en el seno de nuestra agrupación, sino la certeza del deber cumplido. Es ahí, justo cuando la última luz de la primavera parece apagarse, donde brota el verdadero milagro de este rebaño de música y fe.

Porque el final de un ciclo no es más que el preludio de un nuevo año que ya asoma en el horizonte, preñado de ilusiones renovadas, partituras por descubrir y proyectos que encenderán de nuevo el alma. No hay tiempo para el olvido cuando el corazón ya sueña con los nuevos compases que están por nacer.

En la Agrupación Musical Nuestro Padre Jesús Despojado guardamos nuestros instrumentos con la mirada puesta en el mañana, sabiendo que cada día que resta es un paso más hacia una nueva catequesis de sonido. Un lienzo en blanco listo para ser pintado bajo el cobijo de nuestro nuevo emblema, con la misma pasión, la misma entrega y esa eterna ilusión que nos hace únicos tras los pasos del Señor, haciendo que cada uno de nuestros sones sea el reflejo fiel que despierta el alma del Salvador

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