El pasado sábado 30 de mayo no fue un día más en el calendario, sino una jornada donde las calles se convirtieron en un altar itinerante para recibir la procesión de Jesús Sumo y Eterno Sacerdote. El Señor Salvador, no buscaba simplemente recordar un hecho histórico, sino reactualizar el misterio de la entrega. Esta procesión cobra todo su sentido al manifestar públicamente el corazón del sacerdocio de Cristo: la institución de la Eucaristía como el regalo definitivo de amor y comunión con la humanidad. Ver caminar al Señor Salvador entre su pueblo es el reflejo de una Iglesia viva que sale al encuentro de los hombres, llevando al Dios hecho pan a los rincones de nuestra vida cotidiana.
El acompañamiento musical de esta jornada fue la oración hecha melodía que guio el caminar elegante del misterio. Desde los primeros compases se palpaba en el ambiente que la cita sería histórica, fundiéndose el andar soberano del Señor en perfecta sintonía con un repertorio medido y ejecutado con gran brillantez. El gran hito de la tarde-noche radicó en el estreno de tres composiciones cargadas de simbolismo eucarístico y sacerdotal. La interpretación de «Pange Lingua», el glorioso himno de Santo Tomás de Aquino, aportó una solemnidad sobrecogedora al recordar el milagro del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Por su parte, «Pescador de Hombres» resonó con una ternura infinita que evocaba la llamada y la entrega absoluta del ministerio, mientras que «El Día del Señor» aportó la fuerza y la luz musical necesaria para envolver al misterio en sus momentos de mayor esplendor.
A medida que la noche avanzaba y la cera se consumía, el binomio entre el paso de la Santa Cena y su música alcanzó cotas de auténtica madurez y compenetración. Los tres estrenos se entrelazaron con el resto del repertorio, dejando estampas acústicas y visuales que tardarán en borrarse de la memoria. El pasado 30 de mayo, la música demostró que, cuando se une a la fe, es capaz de elevar el alma de quienes contemplan al Señor Salvador, haciendo que el eco de su Cena eterna resuene con fuerza en nuestros corazones.

